La Terminal - Cargadores de bultos
Hoy tuve una travesía increíble, visité el mercado “La Terminal”. Aquí pareciera que nunca ha llegado una pandemia y que los cubre bocas solamente son el accesorio de moda. Este día, el protagonismo no se lo llevaron las compras, ni los bellos colores de las frutas, ni la bulla, ni las prédicas a todo pulmón. Hoy me quedé pensando en los cargadores de bultos.
-Seño por 3 quetzales le llevo su bolsa al carro. Me dice un señor de casi 70 años. He hecho muchas compras y la verdad, las bolsas pesan demasiado. Pero aún así rechazo la oferta. Sigo caminando hasta que verdaderamente no puedo más y me arrepiento de no haber aceptado el ofrecimiento. Me detengo y pregunto en los alrededores. Rápidamente tengo a alguien más a mi disposición. Ni le pregunto el precio, solamente le digo que por favor me lleve las bolsas.
Mi nuevo “ayudante” tiene un mecate y me pide que le coloque las bolsas en la cabeza. El no tiene 70 años; estoy segura de que tiene mucho, mucho más. Caminamos casi 4 cuadras largas. Va caminando con la fuerza de un camión. Yo ya no llevo las bolsas y aún así sus pasos son más firmes que los míos. Cada vez que lo volteo a ver pareciera que tiene más fuerza. Su frente está sudada y sus arrugas cortan toda su cara, pero va con un paso constante, como si le hubieran encomendado la tarea más importante del mundo.
En cuanto llegamos al auto y guardo la compra, le pregunto: -¿cuánto te debo? Y responde: -Lo que pueda seño. Estoy atónita y estoy segura de que la mayoría de las personas no deben darle más de 5 quetzales. Me dan ganas de abrazarlo, lamentablemente la pandemia, que aún existe en “mi mundo”, me detiene.
Esta pequeña anécdota me hizo pensar en dos cosas. Primero en los sherpas, quienes son estos habitantes de las regiones montañosas de Nepal que llevan los bultos más pesados de los montañistas que aspiran conquistar la cima de la montaña más alta del mundo. Pareciera que es casi imposible llegar a la cima sino has tenido un sherpa que te ayude. Así me sentí hoy. En realidad, mi “ayudante”, fue vital para que pudiera llevar la compra a mi auto. No sé que hubiese hecho sin él, sin embargo, pasa tan desapercibido que da terror.
También pensé en cómo en la vida siempre hay personas que nos ayudan a “cargar” nuestras emociones o problemas más pesados y que sin ellos sería imposible sobrellevarla.
Con esta pequeña reflexión quiero rendir un tributo, no solamente a quien me ayudó hoy con la compra, sino a todas esas personas que nos alivianan nuestros pesares. Estas personas toman esta tarea como lo más importante del mundo, porque para ellos lo es. No dejemos que nadie que está ofreciéndonos su fuerza ya sea para cargar la compra o acompañarnos en nuestras dificultades pasen desapercibidos, porque sin ellos no podríamos llegar a nuestro destino.
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