LAS AVENTURAS DE LOLA "LOLA Y LA ABEJA MÁGICA"

 

LAS AVENTURAS DE LOLA
"LOLA Y LA ABEJA MÁGICA"

Se asomaba por la ventana el sol, una vibrante mandarina parecía derretirse en el cielo azul y arrojaba un cálido foco de luz sobre Lola. La antes enérgica Boston Terrier ahora yacía lánguida, su pelaje atigrado un tanto opaco y sus ojos normalmente brillantes se encontraban nublados por la fatiga. Su humana, María, pasaba varias horas al día susurrándole palabras de consuelo y sobando su lomo con mucha delicadeza. Los días se convirtieron en semanas, y María buscaba en vano cualquier cosa que hiciera que la colita de su adorada Lola volviera a moverse como antes.

Esa tarde, justo cuando el sol empezaba a planear su partida, una abeja entró por la ventana y aterrizó en la nariz de Lola, luego empezó a bailar trazando patrones invisibles por el aire. Lola la observaba hipnotizada. Zumbando suavemente, voló hacia el jardín, llamando a Lola para que la siguiera. Intrigada, Lola reunió sus piernas tambaleantes y la siguió. La abeja sobrevoló varias plantas y aterrizó en un grupo de lavanda, su diminuto cuerpo zumbaba de emoción. El aroma, dulce y calmante, llenó los sentidos de Lola. Mientras olisqueaba, una calidez se extendió por ella, ahuyentando los escalofríos que la habían acosado durante días.

De repente, una ráfaga de viento barrió el jardín, llevando el sonido del llanto ahogado de María. Lola levantó la vista, su corazón estaba dolido por la tristeza de su humana. La pequeña abeja zumbó con ánimo, luego empujó una flor de lavanda hacia ella. Lola la empujó suavemente de vuelta, deseando que su cálido poder sanador llegara a María.

El viento cambió, llevando el aroma de la lavanda hacia María. Un suspiro escapó de sus labios al ver a Lola de pie y su cola moviéndose tímidamente. La calidez, la abeja, la magia del atardecer, todo parecía converger en ese momento. La esperanza floreció en los ojos de María, tan brillante como el sol escondiéndose en los volcanes.

Con una nueva fuerza, Lola dio un paso, luego otro. La pequeña abeja voló a su lado, sus alas zumbaban una melodía de ánimo. Lola agitó su cola, lamió la cara de María, llena de energía, como lo hacía antes. María lloraba de alegría, abrazándola fuertemente, agradeciendo la bendición de la abeja mágica, de la caída del sol y la lavanda que las llenó de calma.

A partir de ese día, la salud de Lola mejoró constantemente. Persiguió abejas en el jardín mientras su colita se movía de alegría. María, eternamente agradecida, plantó más lavandas para todas las abejas mágicas. Aquel día fue un gran recordatorio de que la magia de la naturaleza está siempre ahí, si sabemos dónde buscar. Lola poco a poco va dejando atrás su enfermedad y continuará esparciendo su luz y haciendo amigos mágicos dondequiera que vaya.

Comments

  1. El talento para escribir lo llevas en tu ADN. Hermanito modo recuento.?Espero que Lola se recupere pronto.

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  2. Que belleza de historia y detalle, además, con ello te llenas de energía , transmitis el amor entre Ustedes e inmortalizas a Lola y todo eso no tiene palabras; Lola estará mejor, no lo dudes, confía.

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